Para mí no existe lugar más mágico que éste. Cada vez que puedo me escapo para allá y retorno a casa renovado y recargado, pero con la sensación de estar abandonando el paraíso mientras manejo por la carretera.
Yo puedo decir que he viajado "algo", y entre los paisajes que he contemplado no he encontrado otro que me avasalle como el de La Gran Sabana.
No es un destino de lujos ni grandes servicios turísticos. Su magia no está hecha por el hombre, sino por la obra de Dios.
Por muchas veces que vaya (a 5 horas de mi casa), cada ida es una experiencia distinta, cada una tiene su propia alma e impronta en la memoria de mi vida; sobre todo cuando llevo a alguien que va por primera vez. Eso para mí genera un éxtasis, jugando a propósito con la expectativa, la incertidumbre, el asombro y los cuentos de cada lugar.
En este artículo, dejaré a un lado la musa locuaz que me inspira largas prosas, y dejaré que las imágenes de varios viajes hablen por sí solas.




Ecomuseo del Caroní











